Intriga Lasciva - El Instituto [51]

Capítulo 51.

Xamira y el Sexo Anal.

Erika no entendía cómo Candy era capaz de aguantar tanto castigo. Su pequeño cuerpo parecía de trapo en las pesadas manos de Octavio Lanzani. Esa ancha y venosa verga se hundía en el culo de la pequeña rubia como si fuera un taladro neumático. Candy chillaba cada vez que era penetrada.

«Le duele… le tiene que doler —pensó Erika—. Imposible que no le duela. Le están dando muy duro por el culo». Sin embargo la rubiecita no emitió ni una sola queja. Dejó que Octavio la tratase como juguete sexual. Ella estaba preciosa, parecía una muñeca de plástico diseñada con el fin de satisfacer tanto a hombres como mujeres.

Cuando Erika recibió la orden de grabarse mientras le chupaba la concha, lo hizo con muchísimo gusto. Llevaba varios minutos observando la escena de sexo anal y tenía muchas ganas de pasar a la acción. La concha lampiña de Candy le pareció deliciosa. «Uf… la tiene re mojada. ¿Será que le gusta que le den duro por el orto?». A Erika se le mojó la concha al pensarlo… aunque ya la tenía mojada desde antes. Lamió ese clítoris lo mejor que pudo, si Candy estaba sacando algo de disfrute de esa situación, quería ayudarla a gozar más. También lamió los huevos de Octavio, no quería que esa verga perdiera rigidez, porque le parecía fascinante la forma en la que invadía ese hermoso culo.

Unos minutos más tarde estaba tomando un helado con Candy mientras planificaban sus próximos movimientos.

—Tenemos que reconocer que todo salió bien —dijo Candy—. Aunque me duele un poco el culo.

—No tenías por qué hacer esto… dejarte usar de esa manera por ese tipo…

—No te preocupes, no es la primera vez que Octavio Lanzani me coge.

—¿Eh? ¿Ya habías estado con ese tipo?

—Sí, varias veces… mientras investigaba a Roxana Carmín. Me acuerdo de una vez que…

Ahí fue cuando el teléfono de Erika sonó y vio que tenía un nuevo mensaje de Kamilexia.

«Escuchame bien, pendeja…»

«…¿te asociaste con él en un intento por joderme la vida?»

«Ya estoy harta de tus jueguitos…»

«…si quieren plata, vayan a laburar…»

—Epa… parece muy enojada —comentó Candy, que había escuchado todo.

—Uy… ahora sí que se jodió todo —dijo Erika, mientras el helado se derretía entre sus dedos—. Mi mamá me va a matar.


——————


Xamira se había desnudado para meterse en la ducha cuando escuchó un ruido extraño. Provenía del gimnasio. Se asustó tanto que estuvo a punto de gritar. Pensó que se habían metido ladrones a la casa. Volvió temprano del instituto porque no tenía ganas de cursar la última materia del día y su primer pensamiento fue: «La puta madre… me van a matar unos ladrones por ser muy vaga». Con el celular en la mano, dispuesta a llamar a la policía en cualquier momento, se acercó al gimnasio que sus padres habían construido dentro de la casa. Mantuvo los oídos muy agudos. Se sentía el ruido metálico, lo cual no era tan raro, porque las pesas de los aparatos hacen ese ruido al ser usadas. Lo que le llamaba la atención era ese extraño sonido como de un quejido, como si alguien estuviera sufriendo allí dentro. Se le hizo un nudo en la garganta ¿y si los ladrones estaban torturando a su padre o a su madre? Necesitaba averiguarlo.

Asomó la cabeza lentamente por la puerta del gimnasio y sus miedos se disiparon al instante. No eran ladrones, era su madre con…

«¿Quién carajo es ese tipo?».

El sonido metálico lo producía su madre al usar una máquina de remo modificada. Ella estaba en cuatro patas sobre el aparato y al mover sus brazos avanzaba, las pesas de los laterales subían, y cuando los brazos volvían al estado de reposo, la plataforma donde estaban apoyadas las rodillas de Juliana retrocedía… con ella encima. Xamira había visto a su madre varias veces usando esta máquina, ella misma la usó en numerosas ocasiones; pero ahora Juliana estaba completamente desnuda, con todo el cuerpo aceitado. No sudado: aceitado. Brillaba como una actriz porno.

Xamira se quedó boquiabierta al ver a su madre tan exhuberante y sexy. Pero lo que más la descolocó fue que el tipo también estaba desnudo y aceitado… y con la poronga bien dura. Él estaba de pie detrás de Juliana y su potente pija venosa se perdía dentro de la madre de Xamira.

La joven curiosa se acercó un poco más, sin hacer ruido. Su madre y el tipo estaban mirando hacia el lado contrario, lo que le permitió avanzar sin ser detectada. Se escondió detrás de una máquina para ejercitar brazos y descubrió con asombro que la verga del tipo estaba entrando en…

—¡Siii… siiii… partime el orto, papito… rompeme el orto! ¡AHH! ¡Qué rico!

Para Xamira esto fue como recibir una descarga eléctrica. No podía creer que su madre estuviera disfrutando de una bizarra sesión de sexo anal. Ella que siempre le dijo: «Alejate de los hombres que te pidan la cola. Esos solo buscan humillarte como mujer». Una filosofía que Xamira también comparte. Últimamente ella y su madre habían desarrollado de una confianza extrema, al punto de sacarse mutuamente fotos de lo más candentes. Juliana sabía de las fotos que su hija publicaba en internet y hasta la incentivaba a subir más. Para Xamira era como tener una madre y una amiga en una sola persona. Sentía que a ella podía contarle todo, por eso le habló de sus inclinaciones lésbicas. Juliana le dijo que solo era una etapa, que ella también había pasado por eso con sus amigas cuando tenía la misma edad que Xami; pero que después se le pasó. Para Juliana mientras Xamira no se metiera en prácticas de sexo anal, todo estaba bien. Hasta le contó el encuentro sexual que tuvo con Alexis, el fotógrafo. «¿Pero no te dio por el culo, cierto?». «No, no… eso no se lo permití».

Y ahí estaba la mismísima Juliana suplicando que le metieran toda la verga en el orto. Además ese culo estaba recibiendo un castigo brutal, lo que llevó a Xamira a sospechar que no era la primera vez.

Caminó desnuda entre los aparatos, para ver más de cerca, y ésto fue un error. Su reflejo apareció en uno de los grandes espejos y Juliana soltó un grito al verla. Se detuvo en seco y giró la cabeza para encontrarse con la mirada acusadora de su hija.

—¡Xamira! ¿Qué hacés en casa a esta hora?

—Eso no importa, mamá. ¿Quién carajo es este tipo?

Se paró junto al hombre. Era joven, de unos veinticinco o treinta años, como mucho. No era muy alto, pero su espalda y sus brazos eran enormes. Todos los músculos de su cuerpo estaban perfectamente definidos. Tenía un corte de pelo militar, que parecía un cepillo.

—Uy, pendeja… al fin te conozco en persona —dijo analizando detenidamente toda la anatomía de Xamira. Si bien Juliana ya no activaba la máquina y su cuerpo permanecía estático en el mismo lugar, el tipo no dejó de darle duros pijazos contra el culo.

—Pará Maxi, pará… auch… te digo que pares…

A pesar de las insistencias de Juliana, el tal Maxi no se detuvo.

—No sé qué me sorprende más —dijo Xamira—. Que engañes a papá o que te estén dando por el culo. ¡Después de todas las veces que me dijiste que no lo haga!

—Nena, si querés que le den verga a ese culo tan hermoso que tenés, acá tenés una bien grande —Maxi señaló su miembro erecto con una sonrisa socarrona—. Siempre miro las fotos que subís a internet, no me pierdo ninguna. ¡Qué orto espectacular que tenés! Aunque el de tu mamá también es perfecto. ¡Mirá cómo le entra!

Abrió las nalgas de Juliana y Xamira pudo ver claramente como esa gran verga venosa se hundía en su culo con total facilidad. Se deslizaba con fluidez, gracias al aceite que cubría el cuerpo de ambos.

—Es la primera vez que…

—No me mientas, mamá… ¡tenés el culo re abierto! Ni de casualidad esta es la primera vez.

—Sos una chica observadora —dijo Maxi—. Eso me gusta. Y tenés razón, no es la primera vez que esta putita entrega el orto. ¿El tuyo es virgen? ¡Me vuelvo loco si lo es! Porque, nena… con semejante culo, ya tendrías que haber probado un montón de pijas.

—¡Basta Maxi! —Chilló Juliana—. Dejá en paz a mi hija y andate ya mismo… o no me cogés nunca más.

—No te pongas celosa, Juli… hay pija para las dos.

El tipo se movió tan rápido que Xamira no llegó a reaccionar. Se acercó a ella y la hizo retroceder hasta que cayó sentada en un caballete para levantar pesas. Sin borrar esa sonrisa picarona de su rostro, Maxi acarició las tetas de Xamira con una mano y con la otra le agarró una pierna y se la separó.

—¡Ni se te ocurra…! ¡Ayy!

La penetración fue tan rápida que Xamira solo pudo quedarse quieta por el asombro. La verga del tipo se había hundido en su concha con una facilidad increíble.

—Uf… la tenés re mojada… y bien apretada. A esta concha le falta pija.

—¡Soltala, tarado! —Juliana se acercó y le pegó en la espalda con la palma abierta. El tipo ni siquiera sintió el golpe.

—No te preocupes, Juli… ya me iba.

En ese instante su verga comenzó a escupir semen a montones. Una parte saltó dentro de la concha de Xamira, pero todo el resto lo hizo sobre su vientre, sus pequeñas tetas… e incluso su cara. La verga del tipo parecía una manguera apagando un incendio. Cuando Xami estuvo bien cubierta de semen, Maxi se alejó de ella. Fue en busca de su bolso, se lo colgó al hombro y se dirigió desnudo a la puerta del gimnasio. Antes de salir giró para mirar una última vez a las dos mujeres desnudas, su verga aún estaba erecta. La señaló y dijo:

—Cuando quieran más… me llaman. Me encantaría cumplir la fantasía de coger con una madre y una hija. Xami… no dejes de subir esas fotos tan lindas. Me calientan un montón.

Y se fue.

Xamira miró a su madre con los ojos inyectados de rabia. Juliana era la viva imagen de la consternación.

—Perdón, hija… yo no sabía que ibas a volver tan temprano y…

—¿Cómo pasó esto exactamente? ¿Eh? ¿Desde cuándo entregás el orto? ¿Y quién carajo es este tal Maxi?

—Es un tipo que conocí en el club… no tiene la menor importancia.

—¿Y por qué le entregás el orto?

—Es que… es que un día, mientras cogíamos, me la metió… así sin más. No tuve ni tiempo a reaccionar. Me rompió el orto…

—¿Y te gustó?

Juliana no dijo nada.

—Dios, mirá cómo quedaste… no me imaginé que iba a hacer eso con vos… ¿estás enojada conmigo?

—Mucho. Enojada y desilusionada.

—¿Puedo hacer algo para remediarlo?

Xamira le iba a decir que no; pero justo en ese momento se le ocurrió una idea. Quería castigar a su madre por su comportamiento.

—Limpialo…. con tu lengua.

—¿Eh?

—Ya escuchaste, mamá. Por tu culpa terminé llena de semen… ahora limpialo con la lengua.

Juliana se quedó quieta unos segundos hasta que entendió que su hija hablaba en serio.

—¿Si lo hago me vas a perdonar?

—Quizás… bueno, sí… mami, sabés que yo te adoro. No quiero estar enojada con vos. Es solo que…

Juliana sonrió y se abalanzó sobre su hija. La besó en los labios, al principio Xamira se quedó quieta y confundida, pensó que era un beso romántico, luego entendió que su madre ya estaba lamiéndole la cara para juntar todo el semen. Como Juliana se acostó sobre ella, intercambiaron fluidos. El cuerpo de Xamira se llenó de aceite y el de Juliana con semen.

Su madre no tuvo ningún reparo en bajar y lamerle las tetas, incluso le dio un par de chupones en los pezones mientras repetía:

—¡Perdón, perdón! Me porté muy mal…

En las últimas semanas Xamira y Juliana habían hecho más que sacarse fotos juntas. Juli fue testigo de cómo cogía con Oriana en más de una ocasión e incluso madre e hija llegaron a hacerse pajas juntas, sentadas frente al espejo del gimnasio. Era común que ocasionalmente se acariciaran una teta o pasaran los dedos por la concha de la otra. Cualquier excusa servía… bastaba con decir: «Qué linda te quedó la depilación» o «Mejor ponete aceite para esta foto». Gracias a Juliana, Xamira comenzó a desarrollar un morbo muy potente por los cuerpos femeninos aceitados. En especial si se trataba de cuerpos tan fibrosos y trabajados como el de su madre. La había aceitado en numerosas ocasiones y no perdió nunca la oportunidad de tocarla. Lo mismo podría decir Juliana. El cuerpo de su hija le estaba resultando cada vez más fascinante y su morbo subía al ver las fotos que ella y su hija publicaban en internet. Las de Xami recién ahora estaban comenzando a ser más explícitas. Hacía poco había subido la primera foto en la que se le veía la concha con las piernas abiertas. Juliana había superado ese limite hacía varias semanas… y estaba con ganas de llevarlo más lejos.

Cuando Xamira vio una de las tetas de su madre cubierta con residuos de semen, reaccionó por puro instinto. La agarró y se la llevó a la boca, lamió todo el líquido blanco y se quedó chupando el pezón. Ya había hecho eso en un par de ocasiones, pero fue un simple juego. Ahora lo estaba haciendo con una actitud lésbica.

Juliana le dio un rato para deleitarse con esta tarea y luego bajó, lamió todo el plano vientre de su hija, buscando cualquier mínima señal de semen. Así se fue acercando cada vez más al pubis. Pasó la lengua por el recortado vello púbico, dejándolo completamente limpio. El corazón de Xamira se aceleró porque por un momento creyó que su madre seguiría bajando. Pero esto no ocurrió. Juliana volvió a subir la cabeza y sus bocas se reencontraron en un húmedo beso que duró más que el anterior.

Xamira miró el espejo frente a ellas, el gran culo de su madre estaba imponente, las dos se veían sumamente sexys.

—Vamos a hacer una foto de este lindo momento —le pidió.

Juliana agarró su celular y se lo alcanzó a su hija. Xamira le dio instrucciones de cómo debía ponerse. Juli saldría dándole la espalda al espejo, con las nalgas abiertas. Así se podría ver lo dilatado que tenía el culo. Apoyó las tetas sobre la de su hija y Xami separó las piernas. Quien mirase la foto atentamente notaría que de la concha de Xamira salía un líquido blanco.

Subió la foto a internet con la frase: ¿Qué opinan del culo de mi mamá?» El primer comentario llegó en cuestión de segundos. Era de Erika.

«¡Le chupo el orto a tu mamá! Y… ¡hey! ¿Eso de tu concha es semen? ¿Qué estuvieron haciendo? ¡Quiero saber! ¡¡Contame… porfis… contame!!»

Xamira le mostró el comentario a su madre y las dos se rieron.

—Decile a tu amiga que puede venir cuando quiera a chuparme el culo. Yo encantada.

—Se lo digo… pero mirá que Erika se lo va a tomar muy en serio. Esta pendeja viene y te chupa el orto de verdad.

Juliana no dijo nada, se limitó a sonreír con picardía. Luego volvió a bajar, hasta posicionarse entre las piernas de su hija.

—Me faltó limpiar una parte —dijo, mientras le separaba las piernas.

—Em… mamá… no hace falta que… ¡Uy! ¡Ay, mamá! ¡Qué zarpada!

Xamira vio cómo la lengua de su madre juntaba una buena cantidad de semen, proveniente del interior de su concha, y luego lo tragaba. Rápidamente encendió la cámara del celular y comenzó a grabar toda la escena. No pretendía subirla a internet (eso sería demasiado), pero al menos quería quedarse con el recuerdo de este loco momento.

—No sé qué estamos haciendo… pero me encanta —dijo Juliana, después de unas cuantas lamidas a la concha de su hija.

La mujer se prendió del clítoris y lo succionó, Xamira se sacudió de placer y separó más las piernas al mismo tiempo que acariciaba el cabello de su madre. Esta fantasía erótica estuvo dando vueltas por su cabeza desde que empezaron a sacarse fotos juntas. Sin embargo, no podía creer que se estuviera volviendo una realidad. Le parecía demencial que su propia madre le estuviera comiendo la concha.

De pronto tuvo ganas de hablar con Dalma Leone y contarle todo. Quería decirle que a ella también le daba morbo tener sexo con su propia madre. Extrañaba a su mejor amiga con locura.

Juliana no se quedó demasiado tiempo chupando esa concha, porque la culpa comenzó a apoderarse de ella. Era una completa locura. Por lo menos sirvió para que madre e hija hagan las paces.

—No te creas que te vas a escapar tan fácil de esta —le dijo Xamira, como si ella fuera la figura de autoridad—. Ahora no tengo tiempo, quiero bañarme porque tengo que hablar de algo importante con alguien. Pero nos debemos una conversación muy importante… sobre sexo anal, infidelidad y… esto que acaba de pasar.

—Sí, amor… te prometo que te voy a explicar todo. Lamento que las cosas se hayan dado de esta manera, te juro que quería contarte…

—Está bien, dentro de todo no salió tan mal. Hasta… me gustó. Aunque tu amigo Maxi me parece un pelotudo.

—Voy a hablar seriamente con él —aseguró Juliana—. Cruzó un límite y eso no se lo voy a permitir.


——————


Xamira llegó al estudio fotográfico de Alexis sola y sin anunciarse. Esperaba encontrarlo solo o con algún cliente, sin embargo estaba con ese otro fotógrafo, el rubiecito de ojos claros… ¿cómo se llamaba? Ah, sí… Walter. Ese trabaja con Uvisex, así que esto era un golpe de fortuna.

Los dos muchachos que estaban detrás del mostrador se quedaron mudos en cuando vieron entrar a esa morena de espesa cabellera ondulada. Les cortó el aliento al instante. Tenía un top negro con los laterales en fuccsia que de tan ajustado le marcaba los pezones como si fuera pintura. Abajo tenía una calza haciendo juego de tiro tan bajo que se le podía ver el inicio del pubis. Xamira se había depilado para la ocasión. Se sintió libre y atrevida al vestirse de esa manera; pero para no hacer el ridículo en la calle debía tener el pubis completamente depilado.

—Qué bueno encontrarlos juntos. Necesito hablar con ustedes.

—Pensé que no te iba a ver más por acá —dijo Alexis—. Me alegro de que hayas vuelto.

Xamira analizó la forma en que dijo esa frase, buscó algún ápice de burla o un ligero tono socarrón; pero no lo encontró. Daba la sensación de que Alexis estaba siendo sincero.

—No tengo ganas de perder el tiempo con tus jueguitos —dijo Xamira, poniéndose a la defensiva… quizás de forma innecesaria—. Vamos al cuartito del fondo, porque es mejor hablar de esto en privado. Y tu amigo también puede venir.

—Muy bien —esta vez Alexis sonrió—. Walter, cerrá el negocio. Te esperamos atrás.

Alexis y Xamira entraron al depósito del local mientras Walter giraba el cartel de “Abierto” a “Cerrado”.

—Quiero información sobre Uvisex —dijo Xamira, apoyando sus nalgas en una mesita que estaba contra la pared.

—Eso es mucho pedir —la sonrisa de Alexis era burlona, pero a Xamira le pareció sumamente sexy. Apartó la mirada para no caer presa de los encantos de ese pibe. Detestaba que él tuviera ese poder en ella… y lo peor de todo es que Alexis lo sabía.

—¿Qué tenés para ofrecer a cambio? —Preguntó Walter, al momento en que ingresó al depósito.

Xamira estaba decidida, sabe muy bien que Alexis piensa con la pija y Walter parece ser igual. Negociar de otra forma sería inútil. Ni siquiera los podía comprar con dinero. Solo tenía una cosa para ofrecerles.

—Les voy a chupar la verga.

—Interesante… sos una flaquita muy linda —dijo Walter—. Pero me parece poco, teniendo en cuenta lo grande que es Uvisex. Estás pidiendo demasiado. En cambio… si ofrecieras otra cosa…

Se acercó a ella y le agarró una nalga, de un tirón la hizo ponerse erguida otra vez.

—¿Qué pensás, flaquita?

Xamira sabía que la negociación llegaría a este punto. Inició con la propuesta de sexo oral, sabiendo que le pedirían más. Quería demostrarles que ella tenía el control de la situación, y no ellos. Por eso se bajó la calza, dejando su concha recientemente depilada, al descubierto.

—Uf… mirá cómo al tenés de rica —dijo Walter, mientras le acariciaba los labios vaginales—. Y ya estás mojada.

Esto le molestó a Xamira, porque era cierto. Su concha ya estaba chorreando flujos… pero no era por Walter y Alexis, sino porque durante el camino recordó todo lo que pasó con su madre y se excitó.

—¿Estás segura de que querés hacer esto? —Preguntó Alexis.

—¿Me van a dar información?

—Toda la que quieras —dijo Walter, al mismo tiempo que le metía un dedo en la concha.

—Entonces no perdamos el tiempo.

Xamira metió la mano dentro del pantalón de Walter y le agarró la verga. La sacó y se puso de rodillas frente a él. Se la metió en la boca sin medir palabras. Actuar con tanta seguridad la excitaba muchísimo. La hacía sentir poderosa.

En pocos segundos la verga de Walter se puso dura. Mientras se la mamaba miró de reojo a Alexis. Él estaba mirando todo con la espalda apoyada en la pared y los brazos cruzados.

—¿Qué pasa, Alexis? —Preguntó Xami—. ¿Te pone celoso ver cómo le chupo la pija a tu amigo?

—Si creés que estoy celoso, entonces no me conocés ni un poquito.

—¿Qué podría saber de vos si solo te conozco la pija? Vos tampoco me conocés a mí… ni un poquito.

—¿Acaso me estás invitando a salir?

—Uy, dios… qué agrandado que sos. Que tipo insoportable. Te puedo chupar la pija, pero… ¿invitarte a salir? Ni loca. Terminaría harta de tus pelotudeces en diez minutos. Después de coger, no tendríamos tema de conversación. Solo sos una buena verga.

—Y vos sos solamente un buen culo —le respondió Alexis.

—A ver si dejan de histeriquear, la puta que lo parió —dijo Walter—. Yo solamente quiero que me chupen la pija… dale, flaquita… seguí.

Xami tragó esa verga casi completa, para mostrarle a Alexis lo mucho que había mejorado en esta tarea. Estuvo practicando con Oriana y un consolador. Las dos competían para ver quién podía tragar más… y casi siempre ganaba Oriana. Xamira no podía creer lo buena que era esa inocente japonesa para tragar vergas. «Tu novio debe ponerse muy contento cuando se la chupás», le había dicho Xami. «Mi novio ni siquiera me pide que se la chupe. Le da vergüenza al muy pelotudo. Además… no es que haya mucha verga por tragar. Debe ser la mitad de este consolador». Xamira le aconsejó que se busque un novio bien pijudo, pero Oriana dijo que estaba muy enamorada de Fernando y que no le importaba el tamaño de su pene.

«Para estar tan enamorada lo ves muy poco»

No debió decirle eso. Ahí fue cuando tuvieron su primera discusión de amigas. A Oriana le ofendió mucho la insinuación y estuvo varias horas sin hablarle. Para hacer las paces Xamira tuvo que chuparle la concha casi sin parar durante toda una noche.

«Si no tuvieras novio, te pediría que fueras mi novia», le dijo Xamira mientras se besaban y se metían los dedos mutuamente.

«No repitas esa tontería, Xami… que voy a pensar que lo decís en serio».

Y con esa frase dieron las discusiones por finalizadas.

Alexis se acercó con la verga erecta ya fuera del pantalón. Xamira comenzó a chuparla sin decir nada. No se entretuvo mucho con esa tarea. Acercó una silla y se puso en cuatro sobre ella, con las nalgas apuntando hacia Alexis.

—Parece que extrañás esta pija —le dijo mientras la penetraba lentamente.

—No te hagas ilusiones. Estoy apurada y no quiero perder el tiempo con ustedes.

Lo cierto es que Xamira llevaba días masturbándose mientras pensaba en la verga de Alexis. El pibe coge bien, eso no lo puede negar… y lo comprobó en el instante en que la verga entró toda. Empezó a darle duro a un ritmo delicioso. Le gustó tanto que disfrutó tragar la verga de Walter. El corazón se le puso a mil. La fantasía de coger con dos hombres a la vez empezó a hacerse cada vez más fuerte desde el evento de boxeo de Fermín. Ver a Erika recibiendo tanta pija alteró su psiquis.

Giró la cabeza un segundo y pudo ver que Alexis tenía una cámara en la mano. No le molestó. Hasta le agradó la idea de tener ese encuentro tan candente grabado en video. Así podría compartirlo con Oriana… o con su madre. Esta idea tan morbosa hizo que Xamira se soltara más. Cuando Walter agarró la cámara, ella le chupó la pija con actitud pornográfica, mirando fijamente hacia el lente. Estaba segura de que a su madre le calentaría mucho ver eso.

Estuvieron cogiéndola durante un buen rato, ella no tuvo que moverse mucho. Se quedó en cuatro sobre la silla y ellos se fueron turnando. Walter cogía (casi) tan bien como Alexis. Eran impresionantes. ¿Así se siente coger con actores porno? Se nota que ambos tienen mucha experiencia en el asunto. Su cuerpo, a pesar de estar bien ejercitado, sufre para poder seguirles el ritmo. La desnudaron y mostraron a la cámara cómo esta flaquita morocha de rulitos ya tenía todo el cuerpo cubierto de sudor y la concha chorreando jugos.

Ella estaba de rodillas sobre la silla, abriéndose las nalgas para la cámara. Alexis se le acercó mientras Walter filmaba y dijo:

—Vamos a darle a este culo el tratamiento que se merece.

Xamira no se había percatado de que Alexis aprovechó para ponerse lubricante en la verga. Cuando la acercó a su culo sintió el gel frío.

—No, no… eso sí que no. Por el culo no, que ni se te ocurr… ¡Ay! ¡Ay! ¡No, no…!

Xamira intentó apartarse, pero le resultó imposible. Alexis le agarró un brazo y se lo flexionó detrás de la espalda, obligándola a quedarse en su posición, con la cabeza gacha.

—No… soltame…

—Viniste por esto, Xami… no me mientas.

—No, nada que ver… el culo no es parte del trato ¡Ay! ¡Pará!

Estaba entrando… le estaban metiendo una pija por el orto y no podía hacer nada para evitarlo. Siempre creyó que su culo opondría resistencia si algún tipo intentaba penetrarlo; pero no fue así. Quizás se debió a la experiencia de Alexis. La verga fue entrando de a poco, con ritmo firme y seguro. A Xamira le generó sensaciones confusas y opuestas. Por un lado le dolía, y por el otro… no podía dejar de pensar en su madre gritando: «¡Rompeme el orto!»

«Ay… a mí también me lo van a romper. Esto me pasa por boluda».

Por orgullo Xamira no quiso gritar, a pesar de que le dolía. Sin embargo ese dolor se fue disipando a medida de que su culo se iba acostumbrando a la verga. Y podía sentirla toda… cada vez más adentro. Eso era… fascinante. No podía creer que su culo fuera capaz de contener semejante verga.

—Flaquita, con el orto que tenés… deberías coger así todos los días —le dijo Walter, sin dejar de filmar—. Sería un pecado no disfrutar del sexo anal.

Xamira tuvo que reconocer que ahí había algo de razón. Ella estaba fascinada con su propio culo (y el de su madre), producto de horas de gimnasio. ¿Y todo para qué? Si al final nunca lo disfrutaba realmente. Veía al sexo anal como una práctica humillante; pero nadie le explicó la enorme cantidad de sensaciones eróticas y morbosas que trae.

Agarró la verga de Walter y la chupó, para no tener que gritar. Sus quejidos y gemidos quedaban ahogados por esa pija. Y Alexis ya le estaba dando con la misma energía con la que penetró su concha. Duro y parejo, sin detenerse. La verga entraba y salía con cada vez más facilidad. Xamira dejó de oponer resistencia y cuando Alexis le soltó el brazo se limitó a abrirse las nalgas con las manos.

—Se ve que te gustó, putita… —dijo Alexis.

Quería responderle que lo hacía por la información que recibiría a cambio, pero la verga de Walter le impedía hablar. ¿Y si Alexis tenía algo de razón? ¿Y si le estaba gustando? Porque… siendo honesta… no se sentía nada mal. Era diferente a recibir la verga por la concha… y esa diferencia era lo que le resultaba tan fascinante.

Alexis se encargó de desvirgarle el culo y dejárselo bien listo para una segunda verga. Cuando Walter tomó su lugar, Xamira no discutió. Mostró a la cámara cómo le habían dejado el culo bien abierto (igual que a su madre) y luego recibió la verga de Walter.

«Desvirgada por dos… ¡Carajo!».

El morbo se incrementó. ¿Qué diría su madre cuando viera que le metieron dos pijas por el culo en un mismo día? El mismo día en que la sorprendió a ella teniendo sexo anal.

La cogida de Walter fue tan buena como la de Alexis y mientras le chupaba la verga a éste Xamira comenzó a pensar que debía pedirle disculpas a su madre. Ahora entendía lo que ella había sentido mientras Maxi le rompía el orto. En poco tiempo entendió todo. Dos mujeres con un culo tan espectacular deberían disfrutar siempre del sexo anal, sin prejuicios… es la recompensa por todas esas horas de gimnasio.

«Mi culo es para que me lo llenen de pija», pensó Xamira mientras tragaba el semen de Alexis. Acompañó las penetraciones de Walter y comenzó a gemir como si fuera una actriz porno.

—¿Te gusta, putita… te gusta? —Le preguntó el rubio.

Ella no respondió, por orgullo, aunque sí meneó las caderas con más intensidad. Fue casi lo mismo que decir “Me encanta, rompeme el orto”. Ahora entendía a Erika cuando le dijo “Me quebraron”. Hasta el orgullo de Xamira tiene un límite… y esta sensación es demasiado maravillosa como para no disfrutarla.

Perdió la noción del tiempo, no sabe cuántos minutos (u horas) pasaron desde que entró al estudio fotográfico. Solo sabe que su culo fue invadido al menos cinco veces por cada una de las dos vergas… y que recibió tres eyaculaciones dentro. Mostró a la cámara cómo le chorreaba leche del culo y se sintió super puta. Le gustó esa sensación.

«Me rompieron el orto y me gustó… me gustó, carajo… me gustó». No iba a decir eso en voz alta… aunque quizás sí se lo confesaría a Oriana… y a su mamá. Definitivamente Juliana tenía que enterarse de esto.

«Te entiendo, mami… te entiendo. A mí también me gustó».


—————————


—Ahora quiero esa información que me prometieron —dijo Xamira, mientras se vestía.

—No te vamos a decir nada —aseguró Walter. Se estaba poniendo los pantalones.

—¡Ey! ¡Tenemos un acuerdo!

—Te hubieras asegurado de cobrar tu parte antes de dejarte coger, flaquita —el rubio se encogió de hombros—. Nos vemos, Alexis. Tenías razón: esta pendeja es putísima. Valió la pena cogerla.

Se retiró con aire triunfal. Xamira, ofuscada, se puso el top y se estaba poniendo las zapatillas con los ojos inundados de lágrimas. Había sido una estúpida por confiar en estos dos. No solo le metieron pija por todos los agujeros, sino que además no le dieron nada a cambio. «Esto me pasa por ser tan ingenua».

Se encaminó hacia la salida sin siquiera mirar a Alexis. Estaba tan enojada que solo cruzar la mirada con él la hubiera hecho estallar de furia.

—Xamira… —ella se detuvo, se dio vuelta lentamente—. A Roxana Carmín no la echaron por puta. Es que… Uvisex cambió de dueño… y esta persona parecía tener una vendetta personal contra Roxana.

A Xamira se le iluminó la cara. Esa información hacía que todo valiera la pena… bueno, casi.

—¿Qué sabés del nuevo dueño?

—Absolutamente nada, lo juro. Nunca se deja ver. Trabaja desde las sombras. Creo que nadie lo conoce. Y no te enojes con Walter, si no te dijo nada es porque tiene miedo.

—¿Tan peligroso es el nuevo jefe?

—Y… le cagó la vida a Roxana. Ni siquiera Octavio Lanzani pudo hacer algo para ayudarla. Hasta le hizo perder la casa. Andá con cuidado…

—¿Y a vos por qué te importa?

Alexis se encogió de hombros.

—Fue una mera cortesía. No deberían andar metiendo las narices donde no las llaman. Hay gente jodida metida en todo esto. Nada más.

—Hasta luego, Alexis… y gracias. Ah… y mandame el video de lo que grabaste.

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